Entregar el primer smartphone no es solamente comprar un dispositivo. También es abrir la puerta a redes sociales, mensajes, videos, juegos, comparación social y contacto con personas que los padres no siempre pueden ver. Por eso, la pregunta importante no es solo “¿a qué edad?”, sino “¿está preparado y cómo vamos a acompañarlo?”.
Un análisis reciente del Global Mind Project, basado en respuestas de casi dos millones de personas en 163 países, encontró una asociación entre haber recibido un smartphone antes de los 13 años y peores indicadores de bienestar mental en la adultez joven. El patrón fue más marcado en mujeres.
Qué encontró el estudio
Entre quienes reportaron haber recibido su primer smartphone antes de los 13 años se observaron con mayor frecuencia dificultades relacionadas con:
- síntomas de depresión y ansiedad;
- pensamientos suicidas;
- regulación emocional y relaciones con otras personas;
- agresividad y sensación de desconexión de la realidad.
El impacto fue más marcado en las niñas. Los autores plantean como posibles mecanismos la exposición más temprana a redes sociales, el ciberacoso, las alteraciones del sueño y relaciones familiares más deterioradas. Eso no significa que todos los niños tendrán estas dificultades ni que exista una edad mágica que elimine todo riesgo.
¿Por qué se habla de los 13 años?
Los 13 años funcionan como una referencia útil, no como una garantía de madurez. Dos adolescentes de la misma edad pueden tener capacidades muy distintas para frenar impulsos, seguir acuerdos, reconocer peligros, pedir ayuda y manejar la presión social.
Además, tener un teléfono para llamadas no es lo mismo que tener acceso irrestricto a un smartphone. La conversación debe incluir para qué lo necesita, qué aplicaciones tendrá, dónde dormirá el dispositivo y qué supervisión existirá.
Señales de que puede estar listo
- Tiene 13 años o más como referencia y muestra madurez acorde a su etapa.
- Puede seguir rutinas y cumplir horarios sin supervisión constante.
- Sabe pedir ayuda si algo en línea le incomoda o hace sentir inseguro.
- Entiende la diferencia entre lo privado y lo público.
- Respeta reglas básicas sobre pantallas, tareas y hora de dormir.
- Acepta usar el celular con acompañamiento y límites claros.
Señales de que conviene esperar
- Pierde con frecuencia la noción del tiempo con pantallas o videojuegos.
- Le cuesta hablar de lo que vive en redes o juegos en línea.
- La comparación social o los comentarios afectan mucho su bienestar.
- Oculta información o evita mostrar lo que hace con sus dispositivos.
- Presenta dificultades emocionales que podrían empeorar con una exposición constante.
Acuerdos antes de entregar el smartphone
No se trata de prohibir por miedo. Se trata de reconocer que un cerebro en desarrollo necesita límites, supervisión y presencia real. Antes de entregar el dispositivo, la familia puede acordar:
- horarios de uso y aplicaciones permitidas desde el primer día;
- reglas claras sobre privacidad, fotos y contacto con desconocidos;
- ningún celular en la habitación durante la noche;
- revisiones periódicas conversadas, no vigilancia secreta;
- qué hacer ante ciberacoso, contenido sexual, estafas o amenazas;
- consecuencias conocidas si no se respetan los acuerdos.

Una decisión familiar, no automática
Retrasar el acceso cuando un niño todavía no está preparado puede ser una decisión de cuidado. Y cuando llegue el momento, acompañarlo importa más que entregar el teléfono y confiar únicamente en los controles parentales.
El objetivo no es criar fuera del mundo digital, sino enseñar a entrar en él con criterio, seguridad y una relación familiar que permita hablar cuando algo no va bien.
Thiagarajan, T. C., Newson, J. J., & Swaminathan, S. (2025). “Protecting the Developing Mind in a Digital Age: A Global Policy Imperative”. Journal of Human Development and Capabilities, 26(3), 493–504.
Consultar publicación